viernes, 4 de agosto de 2017

LA HUELLA DE NADA



Hay veces que lo no vivido influye en ti casi del mismo modo que la realidad. No te pasa nada y, sin embargo, es eso lo que te cambia, moldea un nuevo tú que siente la vida de otro modo, se altera  y se recoloca tu mundo inmediato como si hubiera habido en él un auténtico cataclismo.

Porque a veces, nada es todo, quizá porque ambas palabras tienen las mismas cuatro letras. Quizá, porque eso que no te pasó te ha salvado o ha sido tu mayor condena.

Una vez, tú no me sucediste. Todo parecía indicar que así sería, todo estaba listo para que nuestras líneas vitales se cruzasen, pero no pasó. Se cruzó un cambio de planes, después el descubrimiento de una verdad oculta, luego la sensación de que dar pasos adelante a veces es retroceder... y nos desvanecimos.

Dejamos de existir para el otro.

La rutina siguió su ritmo y nuestras líneas, que habían ido convergiendo hasta ese instante, iniciaron un camino de separación. Hasta que nos perdimos. Nunca te he olvidado. A pesar de todo en nuestro caso fue nada, me dejaste tu huella impresa en el alma.

La huella de nada.

4 agosto 2017

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